Una palabra pasada de moda. Existen unos modales más propios del siglo anterior que de éste que a mí me siguen encantando. Cuando encuentro en la calle a algún señor mayor de setenta años y se empeña en sujetarme la puerta, dejarme pasar delante, o me saluda con un buenos días alto y claro..., yo lo disfruto. Me recuerdan a mi padre que también es de la vieja escuela. Esos gestos que algunos consideran anticuados, o incluso machistas, son sólo muestras de consideración gratuitas hacia otras personas, especialmente hacia las mujeres que algunas seguimos agradeciendo un montón. No entiendo que alguien se pueda molestar de que le den preferencia o le ayuden. En este día de la mujer, no quiero hacerle un homenaje a esos hombres.
La caballerosidad se está perdiendo. Mi hijo, por ejemplo, no tiene esa clase de costumbres. Ahora todos se agolpan en las puertas para pasar antes porque ya no existen diferencias. Todos somos iguales, para mal. Tampoco en los autobuses se suele ceder el asiento. Lo que no entienden algunos es que no es una cuestión de normas y obligaciones sino de ser buenas personas y favorecer a los que teóricamente necesitan protección; es decir, a las mujeres, los ancianos y los niños. Es una discriminación positiva, de esas que están tan de moda, pero mucho más justa. Espero que no llegue el momento en que la cortesía forme parte del recuerdo como tantas otras cosas.