Hace ese tiempo que yo dejé mi trabajo con la intención de encontrar uno de jornada intensiva o media jornada. Los primeros años busqué más. Luego me dediqué a la familia. Finalmente, hace unos trece años hice un curso de secretariado informático para reciclarme, y seguí buscando. Y ahora que ya no lo busco, aparece. Un anuncio de recepcionista con nivel de inglés alto, informática a nivel usuario y media jornada de mañana. Ahora que yo ya no tengo ni la presencia, ni el nivel ni las capacidades necesarias. Resulta irónico. No es cuestión de intentarlo; es que yo ya no tengo fuerzas ni ganas para volver a trabajar.
Me recuerda cuando a los treinta y pico años conseguí por fin dominar el estilo en patinaje sobre hielo. Hubiera querido hacerlo a los quince años. Después ya no me sirve para nada. Igual con esto. Llega con veinticinco años de retraso. Pero, bueno, la verdad es que estado a gusto en mi casa todo este tiempo y no me puedo quejar.
Me iba de viaje la semana que viene por mi veinticinco aniversario pero no va a poder ser. He anulado los planes. Parece que nunca puedo hacer las cosas en el momento oportuno. Me da la impresión de que me paso la vida perdiendo todos los trenes.