Cuando era pequeña el dentista me sacó un colmillo sin anestesia. No tiene importancia pero son esas sensaciones que se te quedan grabadas. Aún tuve suerte porque las amígdalas me las quitaron bien y no a lo bruto, como les tocó a mis hermanos. Mi primer parto fue con ventosa y sin anestesia epidural. Pero, como ya he dicho, de un parto no te puedes escapar por más que quieras. En cambio, sacarse una muela que no te duele es una decisión personal. Yo me he tenido que quitar las dos muelas del juicio de arriba, porque estaban picadas y en mala posición para empastarlas. La verdad es que me costó todo un esfuerzo de voluntad pedir las citas en el dentista. Parece mentira después de pasar tres partos.
La primera muela me fue bastante bien, salvo porque apartar la piel de la boca para meter la mano del dentista resulta bastante molesto. La anestesia no llegaba por allí. La muela tenía una raiz en curva muy profunda. Realmente me decidí a quitármela porque sufro de sinusitis, por ver si ésa era la causa, pero lo cierto es que me temo que no. Después hablé con un amiga que me contó que tenía la raiz de una muela del juicio infectada y le había causado un gran problema. Así que me decidí a sacarme la otra muela. La segunda salió más fácil y puedo decir que ya he superado el miedo al dentista. Ahora sólo me queda el miedo a que me entuben, pero supongo que también lo superaré cuando no me quede más remedio, como suele ocurrir.