Esto es algo que nos podemos aplicar casi todos. Incluso cuando crees que ya lo sabes todo sobre algún tema, surge algo nuevo que te hace dudar. Supongo que ahí está la gracia precisamente de la vida; si ya lo supiéramos todo tendría pocos alicientes. Este refrán creo que se aplica más bien a la gente que no está especializada en ninguna labor y pretende saber de todo. Son los típicos que pontifican sobre cualquier tema que surja en una conversación. Resulta bastante molesto. Pero bueno, si a ellos les hace felices pensar que saben realmente de todo, es mejor seguirles la corriente que andar intentando romper sus certidumbres. Aparte de que no es nada fácil porque suelen tener sus argumentos fuertemente entrelazados.
Se refiere también a personas inconstantes que cada mes emprenden una nueva labor y siempre lo dejan todo a medias. Luego está el caso contrario. Por ejemplo, el otro día me tocó cita con una doctora que resulta desagradable porque está tan convencida de todo que ni siquiera te deja expresar tus inquietudes o contarle tus propios síntomas, que se supone que los conoces mejor que ella. No dudo de que sea un gran médico, pero un poco de humanidad ayudaría mucho en el trato con el paciente y creo que sería positivo para aclarar bien las circunstancias. A veces vas a la consulta y te hacen sentir invisible. En todo tiene que haber un término medio.