Significa coloquialmente ponerse en marcha o darse prisa con algo. Creo que a mí se me agotaron las pilas hace años. Ahora funciono con batería y tengo que cargarla a diario con el antidepresivo. Cuando llega el verano procuro dejarlo al menos un mes y luego lo retomo con el curso. Así llevo unos cinco años si no recuerdo mal. Siempre me propongo dejarlo definitivamente pero no puedo. Este verano lo intentaré otra vez. Pero llega un momento en que me siento tan mal que no me queda más que las pastillas o las píldoras para dormir. Es difícil de explicar pero el vacío que siento con la depresión es insoportable.
No es sólo que no tenga ganas de salir de la cama, de comer, de ir a la calle... Es que quiero desaparecer, o mejor dicho me gustaría nunca haber existido. Pero como eso no es posible, me conformo con meterme en la cama, taparme entera y no pensar en nada. Hacer como si no estuviera ahí. Para quien no lo ha vivido puede parecer que es algo voluntario, pero no lo es porque no te queda otra opción. Porque te es imposible hablar, pensar y menos moverte. La depresión te paraliza. Y lo peor es la sensación de que nada tiene sentido. Perdida en algún lugar fuera del espacio y del tiempo esperando a que todo termine.