Ya sé que algunos no soportan esta clase de entradas. Pero mi blog es mi casa y en ella hay toda clase de cosas. Al que no le guste, tiene la fácil opción de dejar de leer y marcharse. En mi casa sólo tengo un crucifijo pequeño y varias cruces de colgante. Digamos que prefiero no ver esa imagen porque me da pena. Por eso tengo en su lugar una colección de Vírgenes, que resultan muy agradables a la vista. Sin embargo, soy consciente de que no debería ocultar la visión de la Cruz ya que en ella se explica y se justifica todo aquello en lo que creo y lo que soy. Porque pienso que Jesucristo murió voluntariamente por nosotros, para hacernos ver que era el hijo de Dios y que la muerte no era el final.
La figura histórica de Jesús, aceptada por las tres grandes religiones monoteístas, es mucho más que una historia transmitida de generación en generación. Sus palabras, que quedaron reflejadas en la Biblia son intemporales. Sirven igual a las personas de hoy como sirvieron hace dos mil años. Sus enseñanzas nos ayudan a ser mejores personas e intentar crear un mundo más justo. Luego, claro, ya depende de cada uno hasta dónde es capaz de seguirlas. El cristianismo como religión ha cometido errores porque ha sido dirigido por seres humanos, pero el cristianismo como doctrina, para mí, es perfecto, eterno e infinito. Perdurará mientras haya hombres y mujeres dispuestos a seguir a Jesucristo.