Es decir a hacer algo que resulta muy doloroso para la otra persona. También se dice mentar la soga en casa del ahorcado. Es algo que no se debe hacer pero a veces no te das cuenta o es inevitable. Una de las situaciones más duras que se pueden dar en la vida son las separaciones matrimoniales. Dicen que es el equivalente a la muerte de un ser querido. En esos casos es realmente difícil no andar metiendo el dedo en la llaga porque la herida tarda mucho en sanar. A mí todavía me duele cuando pienso en mi hermano mayor que se separó hace ya unos diez años. Pensaba que hacían una pareja estupenda y que estarían juntos para siempre.
Pero la vida es así y es mejor no hablar de ello ni pensarlo. Ahora tienen otras parejas y sus hijos se acostumbraron aunque lo pasaron muy mal al principio. Como hoy en día existen cada vez más separaciones, cada vez hay más hijos sufriendo las consecuencias y el dolor se multiplica. Me temo que con el tiempo las secuelas de estas situaciones afecten a toda una generación. Pienso que la gente debería estar más segura de sus relaciones antes de tener hijos, pero sobre todo que deberían tener más paciencia a la hora de aprender a entenderse como pareja; porque creo que en la mayoría de los casos las separaciones se podrían evitar con un poco de buena voluntad por ambas partes.