Es un hecho. Parece que hay gente que desde su nacimiento están destinados a ser el centro de todas las miradas. Da igual que solo se preocupen por si mismos, que carezcan de empatía y que no tengan escrúpulos. No sólo les van ir bien las cosas sino que conseguirán ser los protagonistas hagan lo que hagan. Se quedan con el beneficio y con los méritos. Y no se te ocurra decir nada malo de ellos porque "todo el mundo les quiere", incluso la gente que apenas tiene trato con ellos. Mientras que tú vas mendigan un poco de atención, ellos tienen la agenda repleta. Y aunque se dediquen a poner verdes a todos sus conocidos y allegados, nunca les volverán la espalda.
Porque no sé cómo son de los que consiguen realmente que su mano derecha no sepa lo que hace la izquierda. Hay gente en cambio que ya desde el nacimiento tenemos la clara impresión de estar de más, y después de cuarenta y siete años, todavía me sigo preguntando para qué he venido al mundo. Siempre me respondo que es por mi marido y mis hijos y sin duda eso lo compensa todo. Pero el resto de mi vida es una página en blanco. Todo lo que he intentado se ha quedado a medias, no por falta de interés sino por causas ajenas a mi voluntad. Aún así he conseguido ser razonablemente feliz y supongo que ése es mi único éxito real y el más valioso.