Es impresionante ver la cantidad de gente que va por la calle hablando por el móvil, mientras pasean al bebé, o al perro, en la compra o cruzando la calzada (con el peligro que supone, porque no se fijan bien). También, como no, los que nos amenizan en el autobús o en el metro, contándonos sus intimidades sin ningún pudor. Por no hablar de los que siguen conduciendo con el móvil en la mano aunque esté prohibido y les puedan poder una multa. Todo esto a pesar de que hace tiempo que se habla del peligro de las ondas electromagnéticas por el uso de estos aparatos. No está demostrado, pero tampoco lo estaba lo del tabaco cuando yo era joven y ahora ya no lo discute nadie.
Yo sólo llevo el teléfono móvil para recibir llamadas y hacer alguna en caso de emergencia. Para mí, sobran todos los demás botones y funciones del aparato. Si no fuera porque tengo hijos tampoco habría comprado más móviles en mi casa, pero me gustan que estén localizables. La verdad es que este invento da una tranquilidad mayor a los padres, especialmente por la noche. Sin embargo, por lo demás, la verdad es que podría vivir perfectamente sin el; y, de hecho, lo hago, porque la mitad de las veces se me olvida recargar la batería y se me apaga. Utilizar el teléfono móvil para pasar el tiempo mientras se va de un sitio a otro, me parece que indica una personalidad inmadura y dependiente.