Se dice que el tiempo pone a cada uno en el lugar que le corresponde y yo solía creerlo. Con el tiempo me he vuelto mucho más escéptica. Será porque he visto gente a la que le va muy bien portándose muy mal. Yo tenía una cuñada cuya madre era hija de uno de los fusilados en Paracuellos. El día que vio a Carrillo en el parlamento español tuvieron que ingresarla por un problema psiquiátrico. No hace falta que os diga que este hombre murió anciano en su cama sin haberse arrepentido nunca de lo que hizo. El otro día estuve en la manifestación con las víctimas de eta a favor de la doctrina parot ,y lo único que pedían era justicia.
Es lo mínimo que puede uno esperar cuando la vida te maltrata, que al menos los que te han hecho sufrir acaben comprendiendo por lo que has pasado. No se trata de afán de venganza, sino de reivindicación. La justicia debería ser imparcial y estar del lado siempre de los perjudicados y debería ser proporcional al daño. Pero luego ves como a algunos una nimiedad les puede arruinar la vida mientras otros se libran de pesados fardos con facilidad. Y lo peor no es eso, sino que la persona que no se ve justificada sigue sufriendo toda su vida, de modo que a menudo acaba enfermando debido a la carga espiritual que soporta. La adversidad a veces nos hace mejores personas, pero otras veces por desgracia sólo nos hace daño.