Tener un gato en casa es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Una mascota te ofrece cariño y compañía sin pedir casi nada a cambio. Les basta un poco de comida y atención. En eso nos ganan a los humanos por goleada. Para un animal da igual si es domingo o lunes, si llueve o hace sol. No importa si te sientes cansado o no has dormido bien. El gato te acepta como eres sin condiciones. Como además es un animal muy independiente, no va detrás tuyo. Se acerca cuando quiere mimos y luego sigue a su aire. Pero cuando está contigo transmite una ternura y una serenidad que es la mejor de las medicinas. Tener un gato dormido en el regazo es una sensación muy agradable.
Viene a ser algo parecido a volver a tener un bebé indefenso. Pero con la diferencia de que el gato sí sabe defenderse si hace falta. Incluso cuando juega hay que tener cuidado con sus uñas y sus dientes. Es como tener un leoncito en casa. De todas maneras, un animal no es un juguete y hay que respetar sus costumbres y sus horas de sueño. La semana pasada nos dió un buen susto. Resulta que se había caído de un mueble y se hizo daño en la espalda. Cuando fui a la veterinaria me dijo que podía ser una fisura de cadera. Por suerte, le hicieron una radiografía y sólo era una contractura. Le tuvieron que dormir y lo pasé un poco mal viéndole tan desvalido. Pero, gracias a Dios, ya está bien y vuelve a trepar por todos los muebles de la casa.