Recuerdo que hace muchos años escribí un post en el que decía más o menos que, si en mi generación muchos hijos de obreros y campesinos llegaron a la universidad, ahora los hijos de los licenciados van a volver a ser obreros. Y no es hablar por hablar, es un hecho. El sistema educativo que existía en los años sesenta y setenta era muy duro, pero garantizaba el éxito de una gran parte de los alumnos. En mi colegio creo que no fuimos más de tres o cuatro las chicas que no fuimos a la universidad, porque no queríamos no porque no podíamos, de un total de cien alumnas por curso. El resto de mis compañeras son médicos, abogadas, ingenieras, etc.
Tener un padre licenciado debería ser una ventaja a la hora de cursar estudios de secundaria y bachillerato porque te ayudan con las dudas o te pueden pagar una academia si la necesitas. Sin embargo, hoy en día, gracias a las sucesivas leyes de educación que hemos sufrido, existe un fracaso escolar del treinta por ciento, que incluye a los hijos de los universitarios. Curiosamente, al ir bajando el listón y reduciendo la exigencia, no se ha conseguido mejores alumnos, sino alumnos perezosos que reniegan de todo lo que suponga esfuerzo. Espero que la nueva ley salga adelante y consiga al fin remediar la crisis educativa en España, que no es tanto cuestión de medios como de ganas.