Volviendo a mis primeros post, otra cosa que ocurre en navidades, especialmente en año nuevo, es que todas las chicas mayores de doce años aparecen vestidas de..., cómo diría yo, mujeres dispuestas a hacer la calle. Desde hace unos diez años existe una tendencia cada vez mayor a vestir a las niñas de mujeres provocativas. Las hijas de las artistas aparecen con tacones y minifalda cuando casi no les han quitado los pañales. Se supone que debería dar igual ahora que vivimos en una sociedad moderna e igualitaria. Pero del dicho al hecho va mucho trecho. La realidad es que esas vestimentas y actitudes resultan inadecuadas. Aparte del frío que pasan en las fiestas.
El instinto, como su nombre indica, no está domesticado. Es algo atávico. Cuando un hombre ve a una niña disfrazada de mujer, digamos, sin restricciones morales, lo que está viendo es una posible pareja sexual. Naturalmente, cualquier persona civilizada sabe reprimir esos instintos. Pero no se trata de eso, sino de que en una sociedad donde teóricamente el feminismo es dominante, se esté enseñando a las niñas a mostrarse como objetos sexuales ya desde la pubertad. No creo que sea sano para su desarrollo físico o mental ni para sus futuras relaciones personales. Cada cosa tiene su tiempo y deberíamos respetarlo.