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Nubes sobre el Mar

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miércoles, 4 de marzo de 2015

Demasiado es demasiado

Como la propia frase indica se refiere a algo que agota la paciencia, a la gota que colma el vaso. Me queda poco para cumplir cincuenta años y tal vez por eso ya no tengo el aguante que tenía de joven. De manera que cuando veo por ejemplo a los padres que malcrían a sus hijos convencidos de que están haciendo las cosas bien me dan ganas de darles un tirón de orejas, a ellos, no a los niños. No se trata de volver a la disciplina pura de los años cincuenta, pero tampoco de pretender que los niños entiendan los razonamientos y sean capaces de discernir por sí mismos el bien y el mal. Eso no tienen ningún sentido y es muy pernicioso a la larga. Véase el post siguiente.

De hecho, la triste realidad es que los niños apenas recuerdan nada de sus primeros diez años de vida cuando llegan a la adolescencia, así que las charlas interminables con ellos caen en saco roto. Lo único que entienden es sí o no, y como tampoco son tontos, si una vez les dejas esperan que les dejes siempre. Como dice mi suegra: los niños llevan un notario dentro. El otro día en un ascensor una señora se puso enfadadísima porque una niña de apenas dos años la había pisado sin querer. Esa mujer desde luego no entiende nada de niños, pero una cosa no quita la otra. Lo más importante que tiene que aprender una persona desde la infancia es a respetar a los demás, incluidos sus padres.