El otro día entré a comer en un bar y vi una señora echando monedas en la máquina tragaperras. Una hora después, seguía allí la misma señora, que había tenido que cambiar ya varios billetes. Me daban ganas de decirle que lo dejara y se volviera a su casa, pero sé que no hubiera servido de nada. La ludopatía es una enfermedad muy seria que ha destrozado las vidas de muchas familias. Ahora dicen que quieren poner un Las Vegas en la provincia de Madrid, que crearía muchos puestos de trabajo. ¿A qué precio?. Aparte de las personas que caigan en la adicción al juego, también está la delincuencia que se mueve a su alrededor, prestamistas, prostitución, extorsión, robos...
Aparte de que a mí no me gusta nada las Vegas, pero eso ya va en gustos. La señora que jugaba en el bar era una mujer normal, de unos cuarenta años, probablemente casada y con hijos. No comprendía que el dinero que le devolvía la máquina era el mismo que ella le había dado. Los premios son escasos y no compensan la inversión más que en muy pocos casos. Por eso es un negocio rentable, si no sería ruinoso. Tal vez se estaba jugando el dinero de la compra, el de la hipoteca de su piso, o incluso la ropa de invierno de sus niños. Es una verdadera tragedia. Yo pienso que no debería haber máquinas tragaperras en los bares. Deberían estar sólo en lugares dedicados al juego, donde no provoquen tantas tentaciones.