Poca gente sabe que a las cinco semanas de embarazo, es decir, cuando la mujer descubre que está embarazada, lo que tiene dentro no es un montón de células, ni un coágulo, es ya un feto. En las basuras de los abortorios se encuentran brazos, piernas, troncos y cabezas de un tamaño diminuto a veces pero completos. Son seres humanos de apenas unos centímetros ya formadas y si se les deja crecer se convertirían indudablemente en personas como nosotros. En el lateral de mi blog se puede ver una imagen de un feto de cinco semanas que confirma mis palabras. Repito: no es una célula, ni un coágulo, es un ser humano como nosotros.
De todas maneras, aunque empezara siendo una célula, todos hemos empezado así. Eso no es razón para eliminarlo. Lo importante es saber que se trata de alguien diferente a su madre y a su padre, porque posee una combinación genes única que no han existido nunca antes ni existirán después. Podrán tener más hijos pero nunca podrán tener el mismo hijo. Ése es uno de los traumas que arrastran muchas mujeres que han abortado y que resulta mucho más doloroso que tener que pasar un embarazo. De todas maneras, el principal motivo que existe para abortar sigue siendo el económico. Unas ayudas eficaces mejorarían mucho el problema.